Novelas Plurales

Novelas Plurales: La alambrada, Olga y la ciudad, Actores sin papel, Noticias del fin del mundo.

«Mientras algunos se obstinan en destruir, unos pocos nos empeñamos en seguir creando»

17 de noviembre de 2015

INTERFERENCIAS: Lo que pienso sobre los atentados de París

Hace justo un par de semanas decidí no publicar artículos de opinión política en las redes sociales virtuales. Las ventajas dudosas de la inmediatez y la difusión potencialmente enorme son contrarrestadas por esa inestabilidad propia de los terrenos pantanosos, ni agua ni tierra. Las redes sociales en internet ni dejan de ser ese marco cercano de las relaciones sociales inmediatas (la familia, los amigos, los compañeros), donde uno suele expresar con naturalidad sus emociones, ni ese otro marco de los medios de comunicación profesionales, donde cabe esperar una elaboración de la argumentación y una responsabilidad a la altura de la tribuna. Como demuestran algunos linchamientos, también virtuales, a menudo no se consiente en las redes la naturalidad de la expresión; pero tampoco se valora la elaboración de la argumentación. Así que ¿para qué escribir, para quién escribir?

No podemos dejar de hacerlo, no hay otra respuesta.

He dejado pasar varios días y hoy ya no tengo ganas de rasgarme públicamente la camisa. Ni siquiera sabría decir si estos tiroteos indiscriminados en París son un escalón superior a la matanza de los caricaturistas, hace varios meses. El atentado de Charlie Hebdo tenía un objetivo claro: inhibir la libertad de expresión. Ahora, el objetivo, al extenderse a toda la población (asistentes a un concierto o a un partido de fútbol, ciudadanos que disfrutaban de la conversación en una terraza), ha perdido concreción y se ha vuelto más difuso: alterar, someter, acabar con un modelo de convivencia. ¿Es este atentado esencialmente peor que el que se cometió en la Estación de Atocha, en Madrid, hace diez años? Existe una diferencia: quien pone una bomba en un tren aplaza el resultado y lo mediatiza, puede alejarse físicamente del escenario y mentalmente de sus víctimas, que no elige una por una, que no individualiza. En París, los asaltantes de la sala Bataclan estaban disparando cada bala sobre un cuerpo, un rostro, un gesto. Esa actitud exige unas lentes opacas: demos por descontado que los terroristas no reconocieron personas en sus víctimas. Antes de asesinar, el asesino deshumaniza, y al hacerlo, claro está, se deshumaniza a sí mismo. Recuerdo aquella reflexión de un preso de los campos de concentración acerca de los ojos transparentes, la mirada, la ausencia de mirada de los carceleros nazis.

Es un proceso que se invierte, porque, como decía, al deshumanizar a su víctima, el verdugo se deshumaniza, y al hacerlo, también nosotros podemos ya verlo como una no persona. Estoy constatando algo que ya ha sucedido: “civilización o barbarie”, se nos ha dicho, y esta disyuntiva es básicamente cierta, aunque ni el diagnóstico ni las soluciones se hayan aclarado aún lo suficiente. Lo que hay de cierto es que el terrorismo no tiene cabida en la civilización, no puede consentirse, hay que luchar contra él. ¿Por qué medios? ¿Con qué herramientas?

De todas las crónicas y entrevistas de los últimos días, me ha llamado la atención especialmente el testimonio de una periodista francesa que explicó que tras los atentandos de Charlie Hebdo, un buen porcentaje de los jóvenes estudiantes franceses, en torno a un quince por ciento, se negaron a secundar el minuto de silencio.

¿Ha fracasado el multiculturalismo en Reino Unido? ¿Ha fracasado la asimilación en Francia? Parece que sí, al menos en parte y provisionalmente.

Una pregunta que es un apunte: ¿puede ser la democracia sólo un marco institucional, como pretenden algunos sectores del conservadurismo, más bien reaccionarios?

¿Acaso no existe una cultura democrática, una cultura transversal y de la participación, una cultura del pluralismo y la creatividad, del reconocimiento de la igualdad y el ejercicio de las libertades, que permita la interiorización y extensión de nuestros valores democráticos?

A respetar al dibujante se aprende haciendo un dibujo. Ejerciendo una libertad se aprende a respetar una libertad.