Novelas Plurales

Novelas Plurales: La alambrada, Olga y la ciudad, Actores sin papel, Noticias del fin del mundo.

«Mientras algunos se obstinan en destruir, unos pocos nos empeñamos en seguir creando»

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28 de abril de 2007

Aurora: "Ojo de buey"









Miguel despertó sobresaltado al oír el sonido del móvil. Pero no había sonado, y en el mismo instante en que despertó, comprendió que sólo había sido producto de su imaginación.

Aquella situación comenzaba a convertirse en una pesadilla: llevaba días pegado al móvil esperando un aviso que no se producía. Le habían encargado que aportara el material fotográfico para un reportaje sobre accidentes de moto. Había retratado a los responsables de las instituciones, a varios parapléjicos en sus sillas de ruedas, había fotografiado incluso las lápidas y los epitafios de algunos fallecidos, pero no había conseguido una sola foto in situ, en el lugar del accidente. A fuerza de esperar la llamada de su contacto en la Dirección General de Tráfico, había imaginado a un motorista vestido de cuero tumbado junto a un charco de sangre, y a su lado una moto cuya rueda trasera aún giraba.

Era desesperante: por primera vez después de muchos años, no se producía en la ciudad en una semana un solo accidente de moto con heridos graves o fallecidos.

Cuando por fin sonó el móvil, estaba en la bañera. Salió a trompicones del aseo, se vistió a medio secar y abandonó a toda prisa el apartamento.

Cruzó en automóvil media ciudad hasta llegar al lugar del accidente. Era de noche y distinguió a lo lejos las luces de la policía y de una ambulancia.

A causa de la colisión lateral con un coche, la motorista había salido despedida. Un reconocimiento básico sobre el terreno había bastado para detectarle contusiones y fracturas por todo el cuerpo. Ya la habían reanimado y se disponían a colocarla en la camilla. Habría sido absurdo, completamente absurdo, pensó Miguel, que después de tanto esperar no pudiera obtener algunas fotos. Se abrió paso entre el corro de curiosos y mostró su documentación. A duras penas consiguió que dejaran a la chica un momento donde estaba, en el asfalto, y que retiraran la camilla del encuadre.

Después de todo, la espera había valido la pena. Volvió al apartamento y durmió un par de horas. Por la mañana a primera hora, llevó el carrete al estudio y esperó en una cafetería cercana. Cuando le entregaron las ampliaciones, las observó detenidamente, una por una. Era un buen trabajo. La exposición era correcta, había conseguido mucha profundidad de campo y nitidez incluso en objetos que se movían. Había fotos excelentes, sobre todo aquella en que la chica, contra el negro del asfalto (el entrecejo en el centro geométrico del encuadre), levantaba el brazo y parecía querer tapar con la mano el objetivo de la cámara.

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